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Diálogo 1

Un hombre obeso

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DARIO: Alejo, eres una bestia. ¡Qué manera de comer! Hace media hora que no dices una palabra; sólo comes.

ALEJO: Tienes razón, pero no puedo detenerme, amo los postres.

DARIO: Y los platos salados también. ¡Antes de ese chocolate te has devorado tres porciones de albóndigas con arroz!

ALEJO: Deja ya de criticarme. Este es mi vicio, tú tendrás algún otro. A ti te encanta remar, jugar al voley, nadar. Tienes suerte, simplemente has nacido para eso, y yo no. ¿Qué culpa tengo?

DARIO: Alejo, es cuestión de moderarte un poco con las comidas.
Además te veo bastante más gordo que hace un par de meses.

ALEJO: ¿Lo dices en serio?

DARIO: ¿Tú crees que no?

ALEJO: Bueno, puede ser. He estado comiendo un poco de más.

DARIO: No dije “un poco”, dije “bastante más gordo”.

ALEJO: ¿Sabes qué pasa, Darío? Las veces que he intentado seguir una rutina de ejercicios, me ha costado muchísimo esfuerzo y no he logrado adelgazar un gramo.

DARIO: Si comes de ese modo, no hay rutina que pueda funcionar.
Lo primero que debes hacer es reducir tus porciones a la mitad.
Luego deberías visitar a un médico, quien te ordenará diversos estudios, como por ejemplo un análisis de sangre.

ALEJO: ¡Oh no! ¡Tú bien sabes que siempre le he tenido miedo a las jeringas!

DARIO: Por favor, no seas cobarde Alejo, ya eres un adulto.
Por último ve a un gimnasio y pídele al entrenador que te prepare una rutina para quemar grasas. Probablemente incluya varios ejercicios aeróbicos y unos pocos ejercicios con pesas.

ALEJO: Odio ir al gimnasio. Es demasiado esfuerzo.
Cuando hablaba de ejercicio, me refería a trotar unas pocas cuadras, o salir a andar en bicicleta acompañado por mi perro, ¡ya que él está incluso más gordo que yo!

DARIO: Alejo, las cosas ya no son como cuando éramos niños; ya somos grandes y debemos cuidarnos más.
Cuando éramos niños podíamos comer prácticamente cualquier cosa y en cualquier cantidad, que no nos iba a pasar nada malo. Superada cierta edad, no sólo comienzas a acumular grasa, sino que además empiezan ciertos problemas como el colesterol alto y la elevada presión sanguínea.

ALEJO: Eso es cierto. Mi padre tiene altos niveles de colesterol y debe privarse de comer ciertas cosas.
De todos modos, no sé si pueda soportar una rutina diaria de ejercicios.

DARIO: Hagamos una cosa: acompáñame ahora al gimnasio. Allí trabaja mi amiga Inés, ella te mostrará que no es tan terrible como tú piensas.
Bien Alejo, no te preocupes. El hecho de concurrir a un gimnasio no implica que tengas que entrenar con la intensidad con que un atleta lo hace. Puedes llevar a cabo una rutina moderada.

INES: Alejo, no te recomiendo trotar por las calles, ya que una pequeña irregularidad en el asfalto puede lesionar tus tobillos o rodillas. Además tienes que tener mucho cuidado con los automóviles. En resumen: es muy incómodo y peligroso.

ALEJO: Es cierto, Inés. Además está llegando el invierno; ya se sienten los primeros días fríos.
No me conviene hacer ejercicio al aire libre en invierno, ya que soy asmático y el aire muy frío afecta mi respiración.

DARIO: ¡Ah!, ese es otro factor importante.

ALEJO: Darío, lo que no me gusta de los lugares como este, es el hecho de cruzarme constantemente con tipos musculosos. No los soporto, son antipáticos y agresivos.
…Emm, bueno, los odio pero sé que no me conviene demostrarlo…

DARIO: Bueno, si quieres puedes venir a entrenar con tu perro... Parece tan bravo que creo que te respetarían hasta los tipos más musculosos.

ALEJO: Parece bravo, pero es buenísimo.

INES: Espero que haya sido una broma. No se puede venir aquí con animales.

ALEJO: Sólo fue una broma de mi amigo.
Mira Darío, esos tipos pasan más tiempo hablando con las chicas que haciendo sus ejercicios.

DARIO: Es cierto, pero mira lo bonitas que son esas.
INES: Incluso tú retrasarás tus ejercicios intentando tener una conversación con alguna de ellas.

ALEJO: Puede ser…, a menos que a mi novia se le ocurra venir a ejercitar conmigo…

INES: Bueno mejor, así te concentrarás en tus ejercicios.

DARIO: Bueno, vamos al grano. Inés ¿qué ejercicios le recomiendas a mi amigo?

INES: Alejo, te recomiendo sobre todo ejercicios aeróbicos, como la bicicleta fija y la cinta. Acompáñame.
Puedes empezar con veinticinco minutos de bicicleta fija para precalentar tus músculos. Luego ve aumentando gradualmente la resistencia de los pedales…

ALEJO: ¿A qué te refieres?

INES: Estas bicicletas incluyen un menú digital, ¿lo ves? Desde aquí puedes elegir diversos programas de entrenamiento, de modo que la resistencia de los pedales aumenta con el correr de los minutos. Empezarás con una resistencia liviana, lo que te demandará muy poco esfuerzo y es excelente para precalentar los músculos de tus piernas. Luego, la computadora se encargará de añadir progresivamente peso en los pedales, de modo que cada vez se te dificultará más y más. Al cabo de veinticinco minutos terminarás agotado.

ALEJO: Pero, yo tengo que rendir en mi trabajo. No quisiera agotarme tanto que me termine quedando dormido en mi oficina.

INES: Eso no es nada. Luego de la bicicleta, continuarás con media hora de cinta.

ALEJO: ¿Cuál es la cinta?

INES: Acompáñame.
Aquí la tienes. Este aparato, como puedes ver, consiste en una cinta de goma que se desplaza horizontalmente, y tú debes trotar sobre ella.

ALEJO: Mmm, parece bastante aburrido. Preferiría caminar o trotar cerca del río, mirando el paisaje.

DARIO: Inés te ha dicho que no, te podrías lesionar. Las calles no están diseñadas para hacer ejercicios. Podrías pisar un pozo o una baldosa suelta y torcer tus tobillos o rodillas, y eso lleva mucho tiempo de recuperación.

INES: En muchos casos, ese tipo de lesiones no se recuperan del todo, y se vuelven a resentir ante la mínima posibilidad.
Lo bueno de la cinta es que no tienes que estar cuidándote de las lesiones, ya que es perfectamente plana.

ALEJO: Oh Darío, no estoy acostumbrado a tanta intensidad de ejercicio. No sé si pueda soportarlo.

DARIO: No te preocupes, a lo largo del tiempo verás que tu cuerpo se irá acostumbrando, y lo que los primeros días te agote, luego de algunas semanas ya no te parecerá tan intenso, y ya no te quedarás dormido en tu oficina. Es más, te sentirás mucho más enérgico dentro de los primeros diez días.

INES: Pero eso no es todo Alejo, una vez que entres en ritmo, iremos elevando gradualmente el ángulo de la cinta con respecto al suelo, de manera que sentirás como si estuvieses subiendo una colina. Eso te fortalecerá muchísimo.

DARIO: Ve a cambiarte, empezarás ya mismo.

ALEJO: Oh Dios mío, que he hecho yo para merecer esto...


Diálogo 2
Diálogo 3
  






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